No guardo escoria en mi cabeza, pero soy cómplice de las injusticias.
No paso de la indignación, solo me hiere en lo más profundo de mi ser . Nada hago por luchar contra el poderío.
Un poderío que se puede catalogar de infame.
Cuerpos apostados en las calles, mugrientos y enfermos.
Cuadros desgarradores de lo que producen los dueños del poder mezquino.
Hombres, mujeres y niños que sin palabra alguna, expresan el dolor de su ser; Agónica hambre , sed y abandonados por esta sociedad en la que me incluyo.
Pasamos y casi que pisamos el aura de los desamparados.
Nos conmueve a algunos y hacemos altos en el camino, para escasamente mirar sin actuar.
Quizá porque no logramos comprender o quizá porque estamos casi al punto de sus estados.
También "rebuscado" ese pan que a medias llega, porque no esperamos que caiga del mismo cielo y aunque batallamos, también llegamos al punto de casi rendirnos.
Ufanadamente nos vemos en palacios, cuando vemos la desgracia de los desamparados.
Me lleno de ira cuando a mi mente llegan las imágenes de familias buscando refugio en el alar de cualquier lugar, donde la noche los atrapó.
Y yo que hoy escasamente gane el pan de mañana, me conformo pero me duelo ante la realidad de los desamparados.
sábado, 16 de junio de 2018
Cómplice sin escoria.
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