sábado, 16 de junio de 2018

Cómplice sin escoria.

No guardo escoria en mi cabeza, pero soy cómplice de las injusticias.
No paso de la indignación, solo me hiere en lo más profundo de mi ser . Nada hago por luchar contra el poderío.
Un poderío que se puede catalogar de infame.
Cuerpos apostados en las calles, mugrientos y enfermos.
Cuadros desgarradores de lo que producen los dueños del poder mezquino.
Hombres, mujeres y niños que sin palabra alguna, expresan el dolor de su ser; Agónica hambre , sed y abandonados por esta sociedad en la que me incluyo.
Pasamos y casi que pisamos el aura de los desamparados.
Nos conmueve a algunos y hacemos altos en el camino, para escasamente mirar sin actuar.
Quizá porque no logramos comprender o quizá porque estamos casi al punto de sus estados.
También "rebuscado" ese pan que a medias llega, porque no esperamos que caiga del mismo cielo y aunque batallamos, también llegamos al punto de casi rendirnos.
Ufanadamente nos vemos en palacios, cuando vemos la desgracia de los desamparados.
Me lleno de ira cuando a mi mente llegan las imágenes de familias buscando refugio en el alar de cualquier lugar, donde la noche los atrapó.
Y yo que hoy escasamente gane el pan de mañana, me conformo pero me duelo ante la realidad de los desamparados.

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