lunes, 14 de mayo de 2018

El señor de las calles

Ver, oler y palpar el sufrir del pueblo en las calles . Vivir en carne propia la impotencia de nada hacer por aliviar sus penurias.
Azotes en el silencio que te dejan mudo en el instante.
Después lamentos que te envuelven en sus dolores , irá y desesperación .
Tal cual camina con la frente en alto, ligeramente sonriente en un afanoso día.
Los desvalidos en arapos corroídos por el tiempo y que seguramente fueron la nota aparente de poder en el ayer de un  extraño.
Labios resecos, ojos profundos y ojeras de física hambre.
Indiferencia de quién nada padece.
Señalamientos insanos de quienes no calzaron sus pies en el tiempo pasado de los moribundos hombres, niños y mujeres,  que intentan hacer de su pena un diario vivir honesto.
Es el caso del señor de las calles.
Que mira desde el panorámico del auto prestado , hipotecado . Se viste y come con los mismos sentimientos de consideración y culpa.
Nada hace , solo mira , considera y escribe.
Arroja tal cual moneda en señal de solidaridad.
Más sabiendo que no es la manera de saciar sus necesidades.
Al cerro en proceso de acuerdos que mitiguen la urgencia del momento.
Silencio,  no agregar comentarios de perturbación que infieran lo esperado.
Todo por causa del desconocimiento.
Vallas de delincuentes rodeados de idiotas utiles.
El diario vivir del señor de las calles.

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