Apasionada escribías
comentarios que me
llevaron al borde de un
abismo de pasión y luz.
Yo, me hice engreído y
soñador en la imagen
que ví de tu aspecto.
Casi gemias y gritabas
cuando leias de mi puño
sin saber que era mi alma
la que dictaba.
Cuando viste tu, mi presencia,
como espantada volando
te fuiste en la distancia
y seguiste leyendo, sin volver
a endulzar mi humano oído.
Pero mi alma aún se regocija
con tu presencia.
Porque el alma no lleva
sombras de apariencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario